La identidad de una estrella sigue siendo materia de construcción, disputa y negociación permanente. Lo que un artista muestra de sí mismo alimenta canciones, videoclips, campañas, entrevistas y redes sociales; pasa por fanáticos, ejecutivos, marcas, medios y plataformas, y termina por componer una imagen pública que muchas veces adquiere vida propia. Espacio de expresión, pero también de exigencias, el pop participa de esa búsqueda constante por decidir qué mostrar, qué preservar y cuánto de uno mismo está dispuesto a poner en circulación. Eso bien lo sabe Sofía Reyes, que presta su voz a Qiyana y descubre en ella una nueva manera de pensar las distintas versiones de sí misma que fue construyendo a lo largo de su carrera. «Hoy abrazo cada vez más todas las partes de mí», dice la artista en conversación con Billboard Argentina.
La literatura inventó personajes, el cine fabricó celebridades y los videojuegos lograron desbaratar la distinción entre ambos. Hoy, una criatura digital puede formar una banda, grabar canciones y reclamar su lugar en la cultura popular. Riot Games Music lleva años ensayando esa simbiosis a través de League of Legends (LoL), cuya mitología fue más allá de las partidas hasta hacerse un lugar en la industria discográfica. Sus personajes jugables, llamados campeones, están dotados de biografías, personalidades y mundos propios; encontraron en la música otra manera de contar sus historias y llegar a públicos de todo el planeta. De esa mezcla de géneros, ficción y experimentación surgieron K/DA, HEARTSTEEL y True Damage, tres proyectos que llevaron a las figuras del juego a probar suerte en el pop.

Ambiciosa, segura de sí misma y con carácter de sobra, Qiyana se presentó en sociedad en 2019, cuando True Damage reunió a cinco campeones -Akali, Ekko, Senna, Yasuo y la propia Qiyana- alrededor de «GIANTS», un cóctel de estilos e influencias. Heredera de una dinastía, vio en los escenarios la oportunidad de hacerse un nombre propio, lejos del peso de su apellido. Siete años después, el supergrupo prepara su regreso para el Worlds 2026, el Campeonato Mundial de League of Legends. Cada integrante llega con una trayectoria a cuestas, nuevas inquietudes y otras cosas para contar. La formación conserva su esencia, pero suma voces y una conexión especial con México y Latinoamérica.

Al trabajar con Qiyana para True Damage, ¿qué rasgos de su personalidad sentiste más cercanos a vos?
Podría decir que me siento cercana a sus ganas de hacer las cosas a su manera. Es rebelde porque no sigue exactamente los pasos de las generaciones anteriores y tiene ganas de explorarse de manera auténtica. También compartimos el gusto por la moda.
¿Participar de True Damage cambió en algo tu forma de pensar la imagen que venís construyendo como artista desde tus comienzos?
Bueno, para mí es más como jugar o explorar nuevas formas de crear. La canción es explosiva y tiene mucha energía, entonces podría decir que fue algo desafiante. Para este proyecto, seguro van a ver a una Sofía distinta.
Comenzaste a trabajar siendo muy chica, cuando todavía estabas terminando de formar tu propia identidad. ¿Sentís que crecer en público condicionó, de alguna manera, la persona en la que te convertiste?
Yo creo que sí. Sobre todo, por sentir que se esperaba mucho de mí y por buscar ser perfecta, ya fuera físicamente, musicalmente o hasta en qué decir y cómo decirlo. También me llevó a buscar validación y reconocimiento externo. Pero esto lo fui trabajando internamente.
Mirando hacia atrás, ¿qué aspectos de tu identidad sentís que se formaron de manera propia y cuáles estuvieron condicionados por la industria?
Bueno, la esencia siempre estuvo. Yo creo que, en mi caso, tiene más que ver con el aspecto creativo. Muchas veces dije que sí a ideas que no eran del todo auténticas para mí. También podría ser que antes buscaba ser famosa y reconocida, y ahora mis intereses cambiaron. Por supuesto que quiero que mi música llegue a mucha gente, pero eso viene más desde las ganas de compartir quién soy con el mundo y de descubrirme a través del arte.
Cada disco implica decidir qué versión tuya querés mostrar. Tras tantos años construyendo esas identidades, ¿cómo distinguís lo que responde a una búsqueda artística de lo que termina siendo un personaje?
Yo creo que todos mis personajes vinieron de una búsqueda artística. A veces más profunda y otras veces más relacionada con el juego y la ligereza. En todos descubro partes de mí: algunas con las que todavía me identifico y otras con las que ya no me identifico para nada.

Tu carrera tuvo éxitos muy grandes muy temprano. ¿Qué hace el éxito prematuro con el deseo? ¿Te vuelve más ambiciosa o te obliga a encontrar nuevos motivos para seguir?
En mi caso, sí me volví más ambiciosa. Creo que la ambición es buena, dependiendo de dónde venga. Es bonito ver reflejado en los resultados ese trabajo que solo uno conoce y, al mismo tiempo, te obliga a encontrar nuevos motivos para seguir cuando el éxito que estás viviendo no está cargado de propósito.
¿Alguna vez un hit te hizo sentir más encerrada que libre?
Sí, pero por la presión de sacar algo todavía más grande, de no perder momentum y de quedar en el olvido. Cuando estás «pegado», a veces es difícil disfrutar ese momento porque sabés que puede terminar y que tenés que estar varios pasos adelante. Hasta que entendés que el hecho de que una canción explote muchas veces está fuera de tus manos, pero lo que sí te corresponde es crear canciones honestas.
Tu música fue incorporando cumbia, bachata, R&B, dembow, afrobeat, hyperpop e indie rock. ¿Cómo distinguís entre una curiosidad real y esa ansiedad contemporánea por demostrar versatilidad todo el tiempo?
Si soy honesta, nunca quise demostrar versatilidad. Fue pura exploración creativa. Depende de con quién esté o en qué etapa de mi vida me encuentre. Me da FOMO no jugar con algo nuevo. Es más eso.
En Argentina hay una conversación muy presente sobre qué significa hacer «pop latino». En tu caso, ¿qué significa hoy hacer música mexicana o latinoamericana cuando tu carrera hace años se proyecta a escala global?
Creo que hoy la música global también es una conversación interesante, considerando que el reguetón en español se volvió global. Entonces, para mí, más allá de querer meterme en una cajita, lo que busco es que aquello que escriba y cante sea honesto conmigo misma.
Después de tantos años trabajando entre México, Estados Unidos y otros mercados, ¿qué cosas de tu sensibilidad sentís que siguen siendo mexicanas aunque no necesariamente aparezcan de manera explícita en tus canciones?
Aunque viva en Los Ángeles, soy mexicanísima en todos los sentidos. Así que, naturalmente, a la hora de escribir y cantar, eso se ve y se siente, pues es lo que soy.
¿Alguna vez sentiste que, para entrar en determinados mercados, había que traducir o simplificar partes de quién eras?
Claro, muchas veces. Musicalmente, también en mi forma de vestir y en otras cosas. ¡Pero ya no más!
Tu generación creció al mismo tiempo que las mujeres empezaban a ocupar un lugar cada vez más central dentro del pop latino. En ese recorrido, ¿sentiste más comunidad, competencia o una mezcla de las dos?
Más comunidad, seguro. Competencia en el sentido de que ahora hay más oportunidades para más mujeres, pero eso me encanta. Más lugares llenos donde antes sobraba espacio.
Compartiste canciones con artistas como Becky G, Danna, María Becerra, Luísa Sonza o RaiNao. ¿Qué encontraste en esos vínculos que quizás no aparecía cuando empezaste, en una industria distinta para las mujeres?
¡Comunidad! Amistad. Cada una aportando lo suyo y reconociendo que todas somos únicas y diferentes. Mucha inspiración, respeto y admiración.
Tus discos suelen marcar con claridad el momento personal que estás atravesando. ¿Necesitás llevar una etapa a una obra para poder cerrarla?
No lo necesito, pero compartirlo a través de la música es muy sano para mí. Además, a esto me dedico, y no compartir mis procesos personales de esa manera le quitaría, de alguna forma, el sentido a lo que hago, que es el servicio y la conexión. Cuando compartimos nuestras experiencias y alguien más se identifica con ellas, se genera un vínculo, un sentido de pertenencia y de comunidad. Eso es superimportante para mí.

IDGAF ERA parte de una idea de liberación, pero trabajar en el pop también implica convivir con métricas, opiniones, comentarios y rankings. ¿Qué cosas tuvieron que importarte demasiado para que, en algún momento, pudieras decir «ya no me importa»?
Me importó mucho tener una canción «pegada» y estar en todos lados. Cuando dejé de estarlo por un tiempo, me di cuenta de que todo estaba bien. También tuve amistades importantes que dejaron de estar en mi vida y entendí que, aun así, todo estaba bien. Desde entonces, fui aprendiendo a soltar, a ponerme a mí primero y a aceptar los duelos y las consecuencias que vienen con eso. Hoy, si algo ya no resuena conmigo, estoy dispuesta a dejarlo ir, por más que duela, porque ya no quiero cargar con cosas que me pesen.
Y al revés: ¿qué cosas descubriste que todavía te importan muchísimo, aunque quizás durante un tiempo hayas querido fingir que no?
Creo que la relación con mi cuerpo. Como hay tanta presión sobre las mujeres para que nos veamos de cierta manera, me peleé con eso y descuidé mi alimentación y el ejercicio. Ahora estoy volviendo a cuidar mi cuerpo, pero aprendiendo a tener una relación más amorosa con él.
¿Cómo elegís qué parte de tu vida personal llevar a una canción sin que esa intimidad quede reducida a una herramienta de exposición?
Cuanto más vulnerable y personal es una canción, menos pienso en estructuras y estrategias. Cuido mucho eso. Hay canciones para todo. En muchas otras también hablo de temas personales, pero con más ligereza y quizás con algo más de estrategia.
¿Hay experiencias que decidiste no llevar a tus canciones?
Claro. Hay experiencias sobre las que todavía no supe cómo escribir o, directamente, sobre las que no quise hacerlo.
En 2024 asumiste un rol de dirección creativa en moda; también apareció NUDOS y ahora este vínculo con los videojuegos. ¿La música empezó a resultarte insuficiente?
Más bien, como artista soy muchas cosas y hay tantos lugares en los que quiero explorarme. Creo que, en esta etapa de mi vida, quiero permitirme crear incluso más allá de la música. Lo siento como una necesidad.
Antes de sumarte a True Damage, ¿qué idea tenías del universo de League of Legends y qué cambió una vez que empezaste a trabajar dentro de él?
Estuve jugando más recientemente y ¡me encanta! Es un mundo inmenso y me parece padrísimo ser parte de un juego tan grande como este. Es un planazo.
Hay algo en la lógica de jugar que se parece a cualquier proceso creativo. ¿Encontraste algo de esa dinámica en tu propia manera de hacer música?
¡Claro! Hacer música es jugar. Si no me cago de risa durante el proceso o no la estoy pasando bien, disfrutando, sin presión y con mi cafecito, cierro la sesión y la paso para otro día. Todo eso se transmite en la canción y, para mí, es importante entrar en ese espacio de verdadera creatividad.
League of Legends tiene una comunidad muy intensa y con códigos propios. ¿Qué aprendiste de ese público que no habías encontrado en el fandom de la música?
¡Ya les contaré una vez que salga la canción y conozca más a este público!
True Damage puede acercarte a públicos nuevos. ¿Cómo vivís el hecho de que esta colaboración circule entre mundos tan distintos?
¡Claro! ¡Me emociona! Estoy abierta a que estas oportunidades me lleven a gente nueva, oportunidades nuevas y mundos nuevos. Es la magia de la música.
¿Qué parte de tu personalidad sentís que todavía se resiste a ser exhibida?
La parte más espiritual y existencial (risas). Poco a poco la voy compartiendo con el mundo.
Pasaste muchos años construyendo distintas versiones de Sofía Reyes y ahora existe una que puede vivir por fuera de vos, dentro del universo de League of Legends. ¿Sentís que hoy estás más cerca de saber quién sos?
Hoy abrazo cada vez más todas las partes de mí. Gracias a todo aquello con lo que ya no me identifico, también soy quien soy hoy.




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